martes, 28 de enero de 2014

Ser obsceno

Si me adivino
faltando al sacramento
ni me arrepiento
ni brego por mi sino;
quedo contento
con un poco de vino
y, aunque lo opino,
no creo en el tormento.

Las mariposas
seducen por derecho
y, en su cohecho,
transforman otras cosas:
arde en mi pecho
el brillo de las rosas;
flores hermosas
me sirven hoy de lecho.

Yo soy la nada,
un paria en el terreno.
Mi desenfreno
se burla en la estacada,
tal vez sereno
si oculto mi mirada
que, perturbada,
me empuja a ser obsceno.

sábado, 25 de enero de 2014

El iluso

Cual salto hacia el vacío que genera
la pura adrenalina que demanda
aquél que se aproxima a la baranda
de sueños en su voluntad primera,

cual ínclito sentir que reverbera
en una jactanciosa propaganda,
el ser, emancipado, no se ablanda
aunque en su exaltación no comprendiera

que vive por azar, y en ese albur
nunca será invencible especialista
ni agrandará frontera y principado;

tendrá que renunciar a su conquista
viajando hacia el pasado, y un augur
le domará el sentido originado.

jueves, 16 de enero de 2014

Nota de suicidio (sin suicidio), parte 1

Esculpo un sinsentido por cobarde,
no he de arriesgar la magia en el almuerzo
si no hay vergüenza que la salvaguarde
ni golpes que requieran gran esfuerzo;
pudiéndolo dejar para más tarde
me voy, como impulsado por el cierzo,
a ver volar cometas en el cielo
como el seco compás de un violonchelo.

Me arrojo, decidido, hacia la alquimia
de letras y palabras inconexas,
productos de mi sed, mi ciclotimia,
que me permite ver puertas anexas
para así disparar con metonimia
verdades incompletas, genuflexas
por años muertos de desolaciones
que lloran mi maldad por los rincones.

sábado, 4 de enero de 2014

Estrellas

Alzar la vista y ver volar cometas
encima de las nubes esperpénticas,
robando su color: luces argénticas
y pérfidos azules y violetas.

Muy cerca se columbran, incompletas,
incandescencias prístinas e idénticas,
mas éstas ya no quieren ser auténticas
y mezclan su fulgor con más paletas.

Ese es su ser, su sino, su ventura:
hurtar suspiros a héroes y doncellas
llenando el cielo de aire y de pintura,

y visitando alegre así sus huellas
transformo mi agonía en hermosura
si fluyen, en el cielo, las estrellas.

domingo, 29 de diciembre de 2013

La chica de las tribulaciones (II)

Cual Terpsícore volátil
embaucaba mi recelo
ante un abandono errátil
al trasiego de su vuelo,
avidez mordaz, versátil,
que sin calma y sin consuelo
derrumbaba mis barreras
con sus palabras primeras.

Me asediaba mi tormento
a cada latido dado,
y un fulgor, un nuevo invento
atacaba mi pasado
con su danza, firmamento
poseído y desmarcado
de los premios y los méritos,
de futuros y pretéritos.

Sin embargo, presa errante
de dualismo y circunloquio,
en su danza allá un desplante,
una tapia en el coloquio,
cercanía, mas distante,
cual si fuera un soliloquio
que nos junta y nos separa
siendo víctimas de Mara.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

La chica de las tribulaciones (I)

Ráfagas de un arquetipo
almidonado y selecto,
un sin más, un prototipo
de delirio sin afecto,
tres suspiros, sueños, hipo
trasnochado. Fue perfecto
comprender al ser viviente
renacido en el presente.

Lluvia cándida, goteo
remachado con visiones
alocadas, contoneo
deficiente. Tentaciones
que se calman sin Orfeo,
presas por tribulaciones
que sus ojos preconizan
y a sus pasos armonizan.

¡Ah! La brisa en la mañana
salpicando de hermosura
su cabello, mi desgana,
y un atisbo de locura.
¡Ah! Su voz era una nana,
su vehemencia fina, pura,
y su ser, como un embrujo,
al instante me sedujo.

miércoles, 23 de octubre de 2013

Buscando en Google

Octubre. Madrugada.
¿Es viernes? ¿Martes? ¿Lunes?
Mi séquito: runrunes
de lírica importada
del norte, de Alemania,
que brotan mi vesania.
¡Ah! Placeres comunes,
mudanza completada
(de ordinario cargada
de tormentos impunes).

Me empapo de progreso
siguiendo a la caterva,
y una gentil Minerva
me niega su embeleso.
Ya es demasiado tarde
para implorar su alarde.
Desde el monte me observa
impidiendo el proceso:
yo mendigo su beso
pero obtengo reserva.

La moderna vidriera,
con su níveo teñido,
acompaña al sonido
de un solista cualquiera
cuyo acento medroso
deteriora el hermoso
placer no complacido
de andar a la ligera,
como si amaneciera
buscando lo prohibido.